Reseña de “Habemus Papam” (2011): El psicoanalista del Papa
Reseña de “Cave of Forgotten Dreams”, una de las mejores películas de 2010.
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En una de las escenas finales de la película, después de que la protagonista ha sido violada, su amigo (al que ella le había gritado “¡Maricón!” unos minutos después de conocerlo) la reconforta y termina diciendo “La próxima relájate y disfruta, ya quisiera uno”. Ella le responde con un abrazo y un desconcertante “Gracias”. Desconcertante para quienes intentamos encontrarle sentido a una película que se esmeraba tanto por evitarlo.
La Vida “Era” En Serio se enorgullece de las comillas que engalanan su “Era” sin sentido alguno. ¿”Era” porque en verdad no “era” sino que “es”? Da igual. Y así, desde su título anuncia el derroche de sinsentidos que agobiarán a quien haya pagado por verla y se debata entre quedarse y hacer valer la plata, o salirse e invertir el tiempo en algo más productivo, es decir, cualquier otra cosa.
La película —parece un insulto al término “película” llamarla así— “narra” la “historia” de una ejecutiva bogotana que está cansada con su vida: debe encargarse de la parte económica de su hogar y estar pendiente de su esposo y sus hijos. No es una vida miserable la que lleva la pobre ejecutiva, tiene una empleada a la que trata sin mucha consideración, se hace uno que otro masaje, y sus hijos le piden que les ayude con sus tareas. Pero, ¿qué tareas? ¡De triglicéridos! ¡Y en inglés! No niego que merecía más consideración, pero tampoco es la mártir de nuestros tiempos.
Mamada de su vida, la pobre ejecutiva ve cómo su amiga del trabajo se encama a una multitud de tipos (o “dates”), entre ellos uno que “podría ser camionero”, o algo así. Hasta que un día lo decide. “O soy o ya no fui”. ¿Ser qué? se preguntará el espectador. Pues ser “¡PERRA!” (eso llega a gritar en un momento refiriéndose a su amiga). No está claro, pero da la sensación en un momento de que quiere ser prepago.

Este bastardo osa a dejarme la mitad del jugo, tendré que ponerle los cachos.
El que decida no salirse y se quede esperando mejorías, encontrará momentos en los que parecerá que la película irá por buen rumbo, pero sus ilusiones serán destrozadas con suma facilidad. Si la película fuera mala, y ya, seguro podría tomarse con algo de gracia, serviría —como muchas otras en la historia del cine— como material para la burla de los cinéfilos cazadores de mediocridad. Pero no sólo es mala, sus diálogos son despectivos y anacrónicos, sus personajes detestables y su ética inexistente.
Parece un ejercicio hecho por snobs bogotanos sin mente para snobs bogotanos sin mente. Este tipo de productos debería suscitar un debate sobre el Fondo Para el Desarrollo Cinematográfico (FDC) y a quién se le está dando el dinero. ¿Es esto lo mejor que puede ofrecer el cine colombiano? ¿En verdad es este proyecto merecedor del dinero? ¿Es mejor que los otros productos que estaban en concurso? Si es así, qué lástima por el cine colombiano. Pero, ¿y si no? ¿Tendrá algo que ver que la directora de la película sea asesora en la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura y asesora del FDC? No estoy en posición de hacer ningún tipo de acusaciones, pero quedan preguntas.
Después de todo, no cabe duda de que esta película es uno de los mayores desaciertos del cine colombiano en los últimos años. Es, en una palabra, un “bodrio”. Pero sin comillas.
Puntaje: 1/10
Nota al pie 1: Si quieren ver a una mujer colombiana en crisis sin tanto alboroto y con mucha más credibilidad, les recomiendo ver a Karen.
Un duque que pronto tendrá que ocupar el trono de Inglaterra ad portas de la Segunda Guerra Mundial, y que tiene el poder de reforzar la moral de su pueblo, tiene que superar primero su tartamudez para que su voz sea escuchada y respetada. “Una gran premisa” pensé antes de verla, sin duda esas “historias ocultas” en la historia misma son una mina de oro para el cine, y la perspectiva que la película prometía era algo que me parecía, si no original, algo novedoso.
Sin embargo, no pude evitar salir decepcionado del cine. Tal vez tenía expectativas muy altas, las buenas críticas, la acogida del público y las 12 nominaciones a los premios de La Academia no podían ser gratuitas. “The King’s Speech” no es una mala película, pero tenía el potencial de ser mucho mejor.
La película sobre el rey (Colin Firth) que debe superar su tartamudez se enfoca exclusivamente en el rey que debe superar su tartamudez y deja de lado una multiplicidad de personajes, historias, relaciones que aborda superficialmente y deja de lado.

La relación entre el terapeuta del rey (Geoffrey Rush) y su familia no va más allá de un par de cortas escenas familiares. Sí, es un hombre “del común”, tiene su familia, ¿y qué?. Igualmente la carrera actoral del terapeuta parece estar ahí para sumar unos cuantos minutos a la cinta. No hubiera quedado de más explorar el tema de la práctica discursiva en sí. Queda en el aire la idea de que el impedimento para hablar es algo cerebral y no físico, queda en el aire la idea de que en la niñez del rey algunos eventos ocasionaron que desarrollara esa condición, pero ese es el problema, “todo queda en el aire”.
La relación del rey con su esposa (Helena Bonham-Carter) y sus hijas se queda en el fondo, así como la situación política de Inglaterra y la inminente Segunda Guerra Mundial. Y resulta desconcertante que un discurso con frases como “esta es la hora más oscura de Inglaterra” sea seguido de aplausos y sonrisas. Sin intención, la presencia de todos estos temas que se entrecruzan con las largas y repetitivas escenas del rey en la oficina del terapeuta no hacen más que mostrarnos que, teniendo mucho que contar, deliberadamente se escogió no hacerlo.

Se ha criticado a “The King’s Speech” diciendo que es una película hecha para ganar Oscars. Sin duda el timing fue perfecto para que dejara de lado a “The Social Network” como la gran favorita y la campaña de Harvey Weinstein (jefe de la productora, The Weinstein Company) para ganar notoriedad en estos premios fue efectiva. Aunque no creo que haya sido concebida con el fin de ganar premios, sí es una película convencional en todo el sentido de la palabra, ofrece una historia lineal de superación, un humano que se vuelve héroe superando una discapacidad física (o mental) y que “encuentra su voz”, sin giros, sin más maniobras que ubicar a sus personajes en los bordes de las escenas para darle un toque de originalidad. Ese es lamentablemente el único riesgo que asume “The King’s Speech”.
Pero “The King’s Speech” no es tampoco una película mala. Colin Firth logra dar vida a los tartamudeos del rey y desarrolla un personaje con quien muchos se conectarán (aunque personalmente sus impulsos agresivos me hicieron detestarlo). Helena Bonham-Carter es majestuosa en una sutil actuación con unos momentos de ingenio y humor que ayudan a aligerar la lentitud de algunas escenas. Y los aspectos técnicos (fotografía, diseño de producción, diseño de vestuario) no merecen quejas.
Cuando esta noche los productores de “The King’s Speech” alcen el Oscar a Mejor Película, muchos dirán que no merecía tantos premios, que todo es producto de las campañas, que el juicio de la historia le dará más relevancia a “The Social Network” o a “Inception”. Después de todo, dirán, “Citizen Kane”, “Vertigo” y “Apocalypse Now” no ganaron el Oscar a Mejor Película en sus respectivos años. Yo estaré de acuerdo.
Puntaje: 7/10
Nota al pie 1: “Timing isn’t my strong suit” dice el rey. Algo que no pueden decir quienes le pusieron fecha de estreno y le hicieron campaña a “The King’s Speech”. Es bien sabido en Hollywood que para competir por los Óscars hay que sacar la película a final de año; si Shutter Island, The Ghost Writer o Inception hubieran salido más tarde en 2010 seguramente tendrían más opciones para ganar.
Nota al pie 2: ¡El blog ya cumplió un año de vida!
Este post iba a salir originalmente el 6 de diciembre a las 00:00 pero por fallas de Tumblr sale hoy.
Aún me falta mucho por ver, sobre todo películas del siglo pasado porque suelo ver películas recientes (por ej he visto 92 películas de 2009), pero por ahora estas son las 20 películas más importantes en estos 20 años de vida, sea porque me gustaron mucho, porque se quedaron marcadas de alguna forma o por cualquier otra razón.
Darle clic al botoncito de “play”.
20 años, 20 películas on Prezi
Película cortesía del Festival 4 Mas 1
A menos que no le interese que se revelen algunos aspectos de la película, siga leyendo. Interpretación llena de spoilers.
País: Tailandia
Antes que nada, que quede claro que “Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives” es una de las (si no la más) extrañas películas que jamás he visto. La reacción que encuentro en los usuarios de internet es una que nunca había visto. En Filmaffinity.com, la película ha recibido prácticamente la misma cantidad de 1s que de 10s. Y es que “Uncle Boonmee…” del impronunciable director tailandés Apichatpong Weerasethakul es, ante todo, una película difícil.
La ganadora este año de la Palme d’Or, el premio mayor en el festival de cine de Cannes, uno de los más prestigiosos del mundo, es, como la define Weerasethakul (a quienes los medios han bautizado, por economía de lenguaje, como “Joe”), una muestra de “open cinema”, cine abierto a todo tipo de interpretaciones, con ideas difusas y con una marea de símbolos y sucesos de la que el espectador puede sacar los elementos que considere relevantes para construir sus propios significados acerca del largometraje.
Eso hice yo. No lo relacioné, como he visto en internet que han hecho ciertas personas, con la situación política de Tailandia (empezando porque no tengo conocimiento sobre el asunto) pero de eso se trata “Uncle Boonmee…”, de que cada quien enmarque en su propia mente lo que vio.
Yo vi en “Uncle Boonmee…” tres temas íntimamente ligados: la pérdida de la sacralidad que rodea las tradiciones tailandesas, una transformación en la relación con la naturaleza tan característica de quienes creen en la transmigración del alma y una desvalorización de lo propio en una sociedad que se está occidentalizando cada día más.
La pérdida de la sacralidad está impregnada en todo el largometraje e incluso podría argumentarse que la parte cómica de la película, con el mico-hombre que ha surgido de una espiritualidad de un humano que se ha encontrado con la naturaleza, se ha hecho intencionalmente para que el espectador en vez de admirar al personaje se ría de él. Pero tal vez donde se vea más claro es en una de las escenas finales, cuando un personaje que quiere ser monje entra a escondidas al cuarto de su mamá, se quita su túnica, se baña y se pone una camiseta, unos jeans y tenis, y sale a comer. El agua con el que se baña remueve su pasado, su religión, su pueblo y lo prepara para estar inmerso en otra realidad, la que está afuera del templo, donde la gente se come sus hamburguesas al lado de gasolinerías donde paran carros cada minuto.

Al ser Tailandia un país eminentemente budista, se puede inferir que la relación de sus habitantes con la naturaleza tiene ciertas características pues, al creer en la transmigración del alma, los otros seres vivos, sean animales o vegetales, dejan de ser inferiores al ser humano (¿podré estar matando a un ser querido si mato un grillo por diversión?) y se forma una relación no únicamente de respeto a ellos, sino una relación que los considera otros sujetos más. Los seres humanos no son más que unos más de los seres vivos en la naturaleza, al punto que un pez puede aparearse con una mujer, y un hombre puede terminar convirtiéndose sin problema en un híbrido entre humano y simio que con la misma facilidad con que se pasea entre las ramas de los árboles visita a su tío humano para ver cómo va todo. La película muestra cómo con la modernidad esta relación cambia, y se ve perfectamente ejemplificado cuando Boonmee está muriendo y sueña con el futuro. Una serie de fotografías nos muestra al hombre-mico siendo atrapado por unos soldados, unos jóvenes con camisetas Levi’s tirándole piedras al ser, y los soldados tomándose fotos con él; es la última atracción, un hombre-mico con un lazo al cuello. Los seres vivos de la naturaleza dejan de estar al mismo nivel de los humanos y se vuelven inferiores, se pueden dominar y manejar a voluntad, así como se domina al principio de la película a la vaca que trata de escapar sólo para re-encontrarse con su dueño, listo a apresarla de nuevo.
Ligado a todo esto está una desvalorización de lo propio, de lo tailandés, en una sociedad que se está occidentalizando cada día más, entrando cada vez más en el sistema capitalista. Es por eso que, en un fragmento de la película que parece no tener mucho que ver con el resto, una princesa tailandesa se ve blanca al ver su reflejo en el agua, y entrega todas sus pertenencias al pez que allí habita para ser transformada en esa figura.
Esta es sólo una de muchas interpretaciones posibles de Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives y precisamente en eso está su gran valor. ¿Qué piensan ustedes? ¿Qué otras interpretaciones le dan a lo que vieron en pantalla?
En una Italia invernal, un asesino a sueldo y fabricante experto de armas, forzado a matar en las primeras imágenes de la película a una mujer a quien ha aprendido, si no a querer, a apreciar, decide retirarse del negocio. Sus sorprendentes habilidades en mecánica seguramente le darán para sobrevivir por la última mitad de su vida, así que, perseguido por unos enigmáticos suecos que buscan acabar por su vida, se adentrará en un pueblito en las montañas de Italia a construir una potente arma para vender a una comerciante internacional, un último trabajo en el que nadie saldrá herido, o eso cree él.
Por supuesto, nada de lo anterior es enunciado explícitamente en un largometraje que es bien llevado por diálogos cortos pero precisos y por tomas inteligentemente secuenciadas acompañadas de una de las bandas sonoras más pertinentes y memorables del año.
Después de su debut en blanco y negro con “Control” (2007), la historia del vocalista de Joy Division, el director holandés Anton Corbijn decide colorear su lente con los contrastantes tonos del invierno europeo, entre la luz del día que acerca a su protagonista a un cura que quiere redimirlo y lavarlo de una vida llena de pecados para empezar de nuevo, y una noche que le recuerda que no es más que un completo anónimo incapaz de establecer una relación que lo satisfaga.
Aunque para muchos la película de Corbijn más que entretener termina poniendo el “largo” en “largometraje”, esa aparente lentitud es necesaria para que intentemos asomarnos por las diminutas grietas de la armadura emocional de un abatido y hermético George Clooney, quien da una interpretación precisa para su personaje.
“The American” no es, como se había promocionado (ver trailer), una película de acción. Es más un acompañamiento a un hombre que se ha dado cuenta muy tarde de que su vida no le satisface. Y Anton Corbijn, quien ha evidentemente madurado desde “Control”, logra a la perfección contarnos ese trayecto, que terminará en una escena final inolvidable.
Puntaje: 8/10
Nota al pie: “The American” recuerda en muchas partes a “The Limits of Control”, sólo que la primera es más psicológica y la segunda más sociológica.
Tras el lanzamiento en EEUU de The Town, la segunda película de Ben Affleck, las críticas no podían ser mejores, muchos hablaron de que Affleck había encontrado su lugar en el cine en la silla del director e incluso algunos mencionaron posibilidades de nominaciones a los premios de la Academia. Confieso que entré a ver The Town con altas expectativas, y tal vez por eso (o seguramente porque en verdad lo sea) terminé encontrándome con una película de robos más, bien hecha, sí, pero nada excepcional.
La town de la que habla el título es Charlestown, un barrio en Boston en el que los asaltos y robos son el pan de cada día, y en el que, en una primera secuencia que nos instala de lleno en la trama del largometraje, un grupo de asaltantes, en un giro inesperado, terminará secuestrando por unos minutos a la gerente de un banco para usarla como rehén en caso de ser atrapados. El asunto no pasa a mayores y la mujer es liberada, pero los asaltantes deben asegurarse que ella no sepa nada sobre ellos, lo que desembocará en una relación entre uno de los asaltantes y la gerente (la misma de la que habla el título en español: Atracción peligrosa).
La película se mueve en dos terrenos, el de la acción, los robos, el dinero, y el de las relaciones de su protagonista (interpretado por el mismísimo director de la cinta) con la gerente, con su padre, con una drug-dealer/prostituta y con sus compañeros de crimen, que son sus únicos compañeros.
En el primero es necesario decir que las secuencias de acción, llenas de choques automovilísticos y ruidosos disparos, no alcanzan la calidad de las que hemos visto este año en películas como Salt y Kick Ass, donde la buena edición y el manejo de los cortes han permitido que se entienda lo que está sucediendo. The Town recurre a los ya familiares cortes rápidos y tomas desde múltiples ángulos que no logran más que confundir en vez de dar la sensación de rapidez que pretenden.
En cuanto a las historias del protagonista y sus relaciones con distintas personas, a veces puede parecer que se están intentando meter muchos personajes con complejos pasados en el relato, pero es un mal necesario para reforzar la motivación principal del personaje que interpreta Affleck: en últimas está buscando dejar atrás su pasado (ya ha estado sobrio por quién sabe cuántos meses, por ejemplo) pero está tan atado a él, a sus personas, a sus deudas, a sus favores, que parece imposible lograrlo.
The Town no es una película en la que se tengan que descifrar muchas cosas, no hay giros de trama inesperados, ni temas que vayan a ser objetos de estudio de los teóricos del cine. Es indudablemente una buena película de crimen pero, a mi parecer, no tiene elementos sobresalientes, y seguramente de haber sido lanzada a inicios de año o en otra época nadie estaría poniendo The Town y Óscars en la misma frase.
Alguien me comentó hace poco, en referencia a Inception, que las películas son tan malas hoy en día que cuando una muy buena película es producida, la gente la elogia y adora más de lo que merece. Aunque no estoy de acuerdo con eso en cuanto a Inception, sí me parece que aplica para The Town. Después de semanas con una cartelera sin mucho de dónde escoger, The Town fue para algunos un alivio, además que coincidió con la época en la que se empieza a hablar de premios y de Óscars. No encuentro otra explicación a que se esté barajando entre las posibles grandes nominadas, a menos que la payola que en los 90s dio tantos frutos en radio a varios artistas haya mutado en una film-payola.
Puntaje: 6.5/10
Nota al pie 1: Ben Affleck en el papel del protagonista es quizás la mayor falla que Ben Affleck como director cometió. Nada creíble y algunas escenas parecían hechas con el sólo propósito de exhibirse y exhibir su cuerpo. Muy bien elegida en cambio Blake Lively como la prostituta, sabe actuar la Gossip Girl.

Los festivales de cine son oportunidades únicas para encontrarse con películas que quizás nunca hubiéramos buscado, de países por cuyo cine no nos habíamos preocupado en explorar, y son también ventanas para que estos largometrajes empiecen a ser reconocidos y puedan llegar a las carteleras nacionales.
“Gestación” es la primera película costarricense que veo y al parecer va por buen camino pues ya tiene fecha de estreno el 15 de octubre en Cine Colombia (aunque nunca hay que confiarse de estas fechas). Aunque tal vez no sea, en términos de calidad, la mejor película que he visto en el Festival, sí es la que más me ha gustado y la recomendaría por poder contar una historia universal a partir de una realidad local que en muchas ocasiones a los colombianos se nos hará tremendamente familiar.
El segundo largometraje de Esteban Ramírez cuenta una historia de amor entre dos adolescentes que están próximos a empezar su último año de colegio, uno de clase alta (Teo) y otra de clase media (Jessie), y que una noche, entre canciones y juegos románticos, “con el fuego por dentro y las hormonas presentes” (Mebarak 1996) terminan cometiendo un error que cambiará sus vidas para siempre. El embarazo de Jessie traerá consigo no sólo una tensión entre ambas familias por cuestiones sociales y de dinero, sino también una lucha política contra el colegio religioso de la futura madre, que pondrá una serie de condiciones para dejarla permanecer estudiando.
Aunque es una historia sencilla y conocida, logra, sin aburrir en ningún momento, construir unos personajes que podemos entender y con los cuales nos podemos relacionar como espectadores. La emotiva “Gestación” acierta en no limitarse a mostrar una de las tantas historias de embarazo adolescente que encontramos en nuestro continente, sino en tratar de trascender un poco más mediante el establecimiento de una lucha contra la discriminación ejercida por una institución educativa y religiosa. Las buenas actuaciones de todos los personajes y la conducción fluida de la narración logran crear un sentimiento de familiaridad y una fe en que el cine latino empiece a contar otro tipo de historias.
“Gestación” es la feel-good movie del Festival de Cine de Bogotá y si no tienen la oportunidad de verla mañana 5 de octubre en el Teatro Embajador a las 18:00, aprovechen si Cine Colombia la pone en cartelera, y de paso apoyamos la creciente industria latinoamericana.
Puntaje: 8/10
Nota al pie: Seguro a muchos como a mi les llamarán la atención las grandes similitudes entre los costarricenses y los colombianos, no sólo en cuanto al vocabulario usado, sino también en cuanto a la forma de expresarse y relacionarse. La única diferencia notable que encontré, aparte del acento, es que dicen “mae” en vez de “parce”.