Un duque que pronto tendrá que ocupar el trono de Inglaterra ad portas de la Segunda Guerra Mundial, y que tiene el poder de reforzar la moral de su pueblo, tiene que superar primero su tartamudez para que su voz sea escuchada y respetada. “Una gran premisa” pensé antes de verla, sin duda esas “historias ocultas” en la historia misma son una mina de oro para el cine, y la perspectiva que la película prometía era algo que me parecía, si no original, algo novedoso.
Sin embargo, no pude evitar salir decepcionado del cine. Tal vez tenía expectativas muy altas, las buenas críticas, la acogida del público y las 12 nominaciones a los premios de La Academia no podían ser gratuitas. “The King’s Speech” no es una mala película, pero tenía el potencial de ser mucho mejor.
La película sobre el rey (Colin Firth) que debe superar su tartamudez se enfoca exclusivamente en el rey que debe superar su tartamudez y deja de lado una multiplicidad de personajes, historias, relaciones que aborda superficialmente y deja de lado.

La relación entre el terapeuta del rey (Geoffrey Rush) y su familia no va más allá de un par de cortas escenas familiares. Sí, es un hombre “del común”, tiene su familia, ¿y qué?. Igualmente la carrera actoral del terapeuta parece estar ahí para sumar unos cuantos minutos a la cinta. No hubiera quedado de más explorar el tema de la práctica discursiva en sí. Queda en el aire la idea de que el impedimento para hablar es algo cerebral y no físico, queda en el aire la idea de que en la niñez del rey algunos eventos ocasionaron que desarrollara esa condición, pero ese es el problema, “todo queda en el aire”.
La relación del rey con su esposa (Helena Bonham-Carter) y sus hijas se queda en el fondo, así como la situación política de Inglaterra y la inminente Segunda Guerra Mundial. Y resulta desconcertante que un discurso con frases como “esta es la hora más oscura de Inglaterra” sea seguido de aplausos y sonrisas. Sin intención, la presencia de todos estos temas que se entrecruzan con las largas y repetitivas escenas del rey en la oficina del terapeuta no hacen más que mostrarnos que, teniendo mucho que contar, deliberadamente se escogió no hacerlo.

Se ha criticado a “The King’s Speech” diciendo que es una película hecha para ganar Oscars. Sin duda el timing fue perfecto para que dejara de lado a “The Social Network” como la gran favorita y la campaña de Harvey Weinstein (jefe de la productora, The Weinstein Company) para ganar notoriedad en estos premios fue efectiva. Aunque no creo que haya sido concebida con el fin de ganar premios, sí es una película convencional en todo el sentido de la palabra, ofrece una historia lineal de superación, un humano que se vuelve héroe superando una discapacidad física (o mental) y que “encuentra su voz”, sin giros, sin más maniobras que ubicar a sus personajes en los bordes de las escenas para darle un toque de originalidad. Ese es lamentablemente el único riesgo que asume “The King’s Speech”.
Pero “The King’s Speech” no es tampoco una película mala. Colin Firth logra dar vida a los tartamudeos del rey y desarrolla un personaje con quien muchos se conectarán (aunque personalmente sus impulsos agresivos me hicieron detestarlo). Helena Bonham-Carter es majestuosa en una sutil actuación con unos momentos de ingenio y humor que ayudan a aligerar la lentitud de algunas escenas. Y los aspectos técnicos (fotografía, diseño de producción, diseño de vestuario) no merecen quejas.
Cuando esta noche los productores de “The King’s Speech” alcen el Oscar a Mejor Película, muchos dirán que no merecía tantos premios, que todo es producto de las campañas, que el juicio de la historia le dará más relevancia a “The Social Network” o a “Inception”. Después de todo, dirán, “Citizen Kane”, “Vertigo” y “Apocalypse Now” no ganaron el Oscar a Mejor Película en sus respectivos años. Yo estaré de acuerdo.
Puntaje: 7/10
Nota al pie 1: “Timing isn’t my strong suit” dice el rey. Algo que no pueden decir quienes le pusieron fecha de estreno y le hicieron campaña a “The King’s Speech”. Es bien sabido en Hollywood que para competir por los Óscars hay que sacar la película a final de año; si Shutter Island, The Ghost Writer o Inception hubieran salido más tarde en 2010 seguramente tendrían más opciones para ganar.
Nota al pie 2: ¡El blog ya cumplió un año de vida!
